El prendimiento de Van Dyck

lunes, 12 de mayo de 2008

 


-ÉPOCA 1619 (barroco). COMENTARIO:

Después de leer lo que nos cuenta el evangelisto Juan comentaremos el cuadro:
(Jn18,1-11)
Después de la última cena Jesús va a orar. El momento en que Judas conduce ante Jesús a sus perseguidores puedes verlo en un gran lienzo que se encuentra en la sala 61 a del pintor barroco flamenco Antón van Dyck .En el aparece cristo a la derecha mientras se le aproxima Judas dispuesto a darle un beso , señal convenido para que los captores supieran quien era exactamente aquel a
Quien buscaban. La escena aparece iluminada a través de antorchas y de la luna.
En la parte de abajo san Pedro corta la oreja al centurión Malco, en un gesto de rabia e indignación perfectamente captado. Frente a esta violencia parece la actitud serena de cristo. Resulta curioso el contraste entre la agresividad de los soldados y de san Pedro y Malco frente a la espiritualidad y la elegancia del rostro del señor, que mira a los ojos del traidor con pena e incluso con compasión.
La iluminación de las antorchas da más dramatismo al destacar el brillo metálico de las armaduras.

TEXTO BÍBLICO: Jn 18(1-11)
1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas.4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno.8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos;9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?

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